Esta crónica la redacte para un curso en de la universidad, a ver si les gusta:
Apenas había empezado la universidad y ya sabía a la perfección qué eran los premios James. Siempre quise formar parte de esta fiesta de la facultad en la cual ahora estudio y que mi nombre se mencione después de la frase “Y el James va para…”. Aún no sucede lo que realmente quiero, pero al menos puedo jactarme que ayudé a organizar uno.
Cualquiera puede pensar que organizar esta ceremonia hecha para los alumnos es fácil, yo pensaba así, pero trabajar día tras día todo el verano, grabar por horas cortos que apenas duraban 20 segundos, ver cada uno de los videos y crear una base de datos con los nominados y, lo peor de todo, ubicarlos me enseñó a valorar más esta celebración.
A pesar de todo el problema de organización, los contratiempos y malos humores de todos, que a veces nos invadía por errores en las grabaciones, por no encontrar los videos originales de los nominados o esperar más días a que el jurado nos diera sus resultados, llegó aquel duro y estresante día. Ese viernes temprano por la mañana, con un sol que quemaba nuestras espaldas cada vez que caminábamos de la facultad al Polideportivo, todo era difícil. El productor estaba de un lado para otro ultimando detalles mientras que al resto nos mandó realizar una tarea que para mí fue la más importante de toda la organización: inflar 800 globos largos de fiesta. A veces éramos diez personas ayudando, otras veces tan sólo tres, sin embargo gracias al apoyo y esfuerzo de la productora de los globos o simplemente “globoptora” conseguimos la tarea; gente con ampollas o dolores en los pulgares, ¡qué importaba!, era la pasión las que nos mantuvo firmes por casi siete horas entre un montón de hule.
Conforme pasaba cada minuto, el estrés y los nervios aumentaban; a pesar de las explicaciones pocos entendían lo que teníamos que hacer, sólo aguardábamos sentados, moviendo las piernas a que todo empezara. Se acercaba el momento, ya era hora de vestirse de negro, con una camisa y pantalón elegante, a pesar que el tema de la ceremonia era “fiesta”, realmente contradictorio, pensé en algún momento que estábamos de luto, siempre estuve en desacuerdo, inclusive hasta ahora, pero creo que era para pasar desapercibidos, dar imagen de elegancia aunque nadie nos viera. Mi misión era sencilla, hacer pasar a los presentadores al escenario; no vería la ceremonia como cualquiera, sería parte de ella.
“Buenas noches y bienvenidos al XI Festival de Video, Audio e Imagen, más conocido como los Premios James…”, así empezaba Guille con el evento, aquel tipo divertido aunque algo estúpido, que tiene su programa en Terra donde cubre fiestas, pero que más daba, no podíamos quejarnos de algo que el auspiciador no dio gratis.
Todo parecía empezar divertido, ameno, perfecto, pero empezó siendo un desastre. La primera imagen que nunca olvidaré y que me puso los cabellos de punta, más de lo que ya es, jamás olvidaré aquel rostro de JC desfigurado por la cólera gritando al productor:
- “Está todo mal, los presentadores salen antes de que se mencione quienes son, deben salir después”, decía JC
- “ya…pero...ya…OK”, era lo único que repetía el productor
¿Qué más era de esperar?, hubo demasiados errores y los nervios de todos eran cada vez mayores, nadie sabía que hacer. Pero las cosas seguían empeorando, porque el encargado de ponerse el disfraz de la mascota no llegaba, debía estar una hora antes del evento y ya se había dado un premio sin su presencia.
Mi ánimo cayó, mis nervios subían, me sentía culpable por lo sucedido, se suponía que yo debía hacer pasar a los presentadores, los errores eran míos. El productor me calmó y me dio nuevas indicaciones, es decir, lo mismo que JC le dijo, sin embargo seguía traumado por aquella imagen. Regresé a hacer mi trabajo sólo para ver la escena mas tierna que he visto hasta ahora en esta ciudad: “…este reportaje lo hice porque mi hermano es autista y le dedico el premio a él…”. Apenas era la segunda categoría que se premiaba, mejor reportaje, y ya se había construido el momento de la noche, no había que esperar hasta que se dieran los premios de las categorías gordas; era una chica de periodismo, su reportaje fue sobre autismo.
Cualquiera puede pensar que organizar esta ceremonia hecha para los alumnos es fácil, yo pensaba así, pero trabajar día tras día todo el verano, grabar por horas cortos que apenas duraban 20 segundos, ver cada uno de los videos y crear una base de datos con los nominados y, lo peor de todo, ubicarlos me enseñó a valorar más esta celebración.
A pesar de todo el problema de organización, los contratiempos y malos humores de todos, que a veces nos invadía por errores en las grabaciones, por no encontrar los videos originales de los nominados o esperar más días a que el jurado nos diera sus resultados, llegó aquel duro y estresante día. Ese viernes temprano por la mañana, con un sol que quemaba nuestras espaldas cada vez que caminábamos de la facultad al Polideportivo, todo era difícil. El productor estaba de un lado para otro ultimando detalles mientras que al resto nos mandó realizar una tarea que para mí fue la más importante de toda la organización: inflar 800 globos largos de fiesta. A veces éramos diez personas ayudando, otras veces tan sólo tres, sin embargo gracias al apoyo y esfuerzo de la productora de los globos o simplemente “globoptora” conseguimos la tarea; gente con ampollas o dolores en los pulgares, ¡qué importaba!, era la pasión las que nos mantuvo firmes por casi siete horas entre un montón de hule.
Conforme pasaba cada minuto, el estrés y los nervios aumentaban; a pesar de las explicaciones pocos entendían lo que teníamos que hacer, sólo aguardábamos sentados, moviendo las piernas a que todo empezara. Se acercaba el momento, ya era hora de vestirse de negro, con una camisa y pantalón elegante, a pesar que el tema de la ceremonia era “fiesta”, realmente contradictorio, pensé en algún momento que estábamos de luto, siempre estuve en desacuerdo, inclusive hasta ahora, pero creo que era para pasar desapercibidos, dar imagen de elegancia aunque nadie nos viera. Mi misión era sencilla, hacer pasar a los presentadores al escenario; no vería la ceremonia como cualquiera, sería parte de ella.
“Buenas noches y bienvenidos al XI Festival de Video, Audio e Imagen, más conocido como los Premios James…”, así empezaba Guille con el evento, aquel tipo divertido aunque algo estúpido, que tiene su programa en Terra donde cubre fiestas, pero que más daba, no podíamos quejarnos de algo que el auspiciador no dio gratis.
Todo parecía empezar divertido, ameno, perfecto, pero empezó siendo un desastre. La primera imagen que nunca olvidaré y que me puso los cabellos de punta, más de lo que ya es, jamás olvidaré aquel rostro de JC desfigurado por la cólera gritando al productor:
- “Está todo mal, los presentadores salen antes de que se mencione quienes son, deben salir después”, decía JC
- “ya…pero...ya…OK”, era lo único que repetía el productor
¿Qué más era de esperar?, hubo demasiados errores y los nervios de todos eran cada vez mayores, nadie sabía que hacer. Pero las cosas seguían empeorando, porque el encargado de ponerse el disfraz de la mascota no llegaba, debía estar una hora antes del evento y ya se había dado un premio sin su presencia.
Mi ánimo cayó, mis nervios subían, me sentía culpable por lo sucedido, se suponía que yo debía hacer pasar a los presentadores, los errores eran míos. El productor me calmó y me dio nuevas indicaciones, es decir, lo mismo que JC le dijo, sin embargo seguía traumado por aquella imagen. Regresé a hacer mi trabajo sólo para ver la escena mas tierna que he visto hasta ahora en esta ciudad: “…este reportaje lo hice porque mi hermano es autista y le dedico el premio a él…”. Apenas era la segunda categoría que se premiaba, mejor reportaje, y ya se había construido el momento de la noche, no había que esperar hasta que se dieran los premios de las categorías gordas; era una chica de periodismo, su reportaje fue sobre autismo.
En aquel momento las cosas mejoraron, el ánimo subió al tope, todos se calmaron, el que se encargaba de ser la mascota había llegado y ya estaba lista, y mis deseos de ganar un James eran cada vez mayores. El resto de la ceremonia ya no importaba, ni siquiera me interesaba que varios de mis amigos ganaron por sus trabajos, la noche había terminado con aquel momento que el público nunca olvidará.
Al final llegó la fiesta, todos celebraban a ritmo de las canciones de Bareto, y cada uno de los asistentes llevaba su globo, los mismos que, liderados por la globoptora inflamos por siete horas, que nos provocaron ampollas y dolores en nuestros pulgares; sin aquellos globos el final no hubiera sido una real pachanga. El James había terminado, mi verano había terminado.
1 comentarios:
Ala, ya que tu estuviste detras del escenario entonces tu perspectiva era distinta. QUE MIEDO JC MOLESTOOOOO, pobre el productor. Coincido en que el premio a mejor reportaje fue el momento más emotivo porque de allí todo estuvo tibio y del presentador sin comentarios (no me gusto para naaaaaaaaaada. Si estaban de luto, y hubo un par de anfitrionas que dad la equivocacion de patty me trataron mal asi q digamos no megusto muxo a pesar de que colabore alli
seguire leyendo tus posts
bye
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